Anoche nos vinimos arriba, como una derbi variant en una
cuesta abajo,y optamos por ver una peli en vez de un capítulo de alguna de las
series que seguimos. Y es que la paternidad es lo que tiene, que acuestas a los
niños y la cabeza no te da para más de un formato de 50 minutos, como mucho .
Una película con sus 100-120 minutazos nos duerme pasado los primeros 45 minutos de tanteo y
es por eso que, solemos decantarnos por el capitulito de rigor.

Al grano, el caso es que anoche nos decidimos y vimos
Truman, la triunfadora de los Goya de este año, y un peliculón total. Me
encantó y automáticamente tuve la necesidad de compararla con “un monstruo
viene a verme”, el estrenazo de J.A. Bayona, con el peso promocional de
Telecinco cinema, que ha conseguido que hasta el 16 de octubre, la peli haya
recaudado 11,4 millones de euros en
España, convirtiendo a este melodrama con toques fantásticos que adapta una
novela original de Patrick Ness, en el taquillazo español del año (superando
así a "cien años de perdón", 6,6 millones y "kiki, el amor se hace" con 6,1
mllones). Y hay que tener en cuenta que se aproxima la fiesta del cine y el
estreno en EEUU en diciembre, por lo que podemos llegar a pensar que los 20
millones podrían estar asegurados.
Truman, que ha recaudado en cines unos 3 millones de euros,
es una peli redonda, sabía que se sustentaba en la gran actuación de Darín y
Cámara, ganadores de sendos Goyas, pero no creía que me iba a llegar a reir
tanto y es que es en el tono,en la orientación de la trama, es en la manera de
afrontar el tema de la muerte, donde inciden las principales diferencias entre
ambas pelis.
En “un monstruo viene a verme” vemos cómo afronta un niño de
12 años una de las peores experiencias que puede tener una persona en su vida,
ver como su padre/madre es consumido por una enfermedad terminal, y si esta
experiencia es aterradora para un adulto, para un niño de 12 años se convierte
en algo, aún más traumático que hace que se refugie en un mundo de fantasía
para poder eludir la cruda realidad que, por si no fuera poco, se completa con
el acoso escolar que sufre en el colegio (maldito bulling) y por la “presencia
forzosa” de su abuela, que intenta que
afronte la realidad tal cual, sin tener en cuenta lo que está pasando esa
criaturita.
Me gusta la parte fantasiosa del monstruo basado en el viejo
árbol que se ve desde su ventana, en los cuentos animados que le cuenta donde
los príncipes no son tan buenos y las brujas tan malas ( existen los grises en
la vida amigo) y también me gusta como va pasando el niño por las distintas
fases del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación, y como el
monstruo, que al final vemos que es una figura muy relevante para la familia)
lo acompaña en las mismas. Pero no me gusta que el director me indique con “trucos sensibleros” determinados planos,
miradas, o con la banda sonora incidiendo
en ciertos momentos que el director subraya con el pianito de turno para
hacerte llorar y por ahí, no! Estas pelis se sustentan en una delgada línea que
separa la emoción del sentimentalismo de telefilm de la siesta de antena 3
y,con esos “abusos” de la música nos
acercamos ahí peligrosamente.
No es el caso de Truman, Cesc Gay nos muestra la decisión de un enfermo de cáncer terminal de abandonar el tratamiento de quimioterapia y de suicidarse cuando la cosa se ponga chunga del todo. Como vemos, la premisa podría dar para un melodrama de de los de cortarse las venas o dejárselas largas, pero el director decide tirar por la comedia (humor bastante negro eso sí), y por normalizar la situación, que sólo se tensa en los momentos de despedida que tiene el personaje de Ricardo Darín con diferentes personajes con los que se va encontrando durante la película. Son dos amigos, dos hombres, pero llegan a expresar sus sentimientos (sobre todo Darín) y eso es lo bonito de la película que te va emocionando poco a poco, aunque al personaje de Javier Cámara está más contenido y le cuesta más abrirse y expresar todo lo que siente por su amigo (esa educación machista, los hombres no lloran). Una película que se disfruta y se sufre durante todo su metraje, una gran película sobre la amistad y las despedidas de verdad. A veces, necesitamos pelis catárticas como esta.
Si me dan a elegir,
me quedo con Truman, pero celebro que una superproducción española, con
un superdirector como Bayona, se decante por hacer este tipo de cine y que
asuma la responsabilidad para hablar
sobre un tema tan tabú en el mundo occidental como es el de la muerte. Lo que
está claro es que ambas pelis no nos dejan indiferentes, de eso se trata, no?



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